Para dominar la conducción de un coche, debemos familiarizarnos antes con sus particularidades técnicas. Esta realidad es especialmente necesaria cuando utilizamos un auto dotado con control de estabilidad. En esta entrada explicamos sus principales características.

Qué es un coche con control de estabilidad

Debemos tener claro que el sistema de control de estabilidad de un automóvil es un importantísimo equipamiento de seguridad. Sin género de duda, se trata de uno de los factores más decisivos en la seguridad activa de los coches.

Su principal función es evitar los derrapes derivados de las maniobras bruscas, fundamentalmente evasivas, que realizamos al conducir. Este tipo de sistemas, implementados en la práctica totalidad de los nuevos vehículos desde 2014, ha contribuido a reducir los accidentes de tráfico de esta tipología a casi la mitad.

Su acción se efectúa de forma conjunta y coordinada sobre el motor y los frenos. Cuando llevamos a cabo maniobras exigentes y descontroladas, la dinámica del automóvil se altera y el riesgo de derrapar es muy alto. Afortunadamente, el control de estabilidad se contrapone a esa tendencia natural y facilita el dominio del vehículo en semejantes circunstancias.

En este sentido, su funcionamiento es prodigioso: a partir de la información ofrecida por el sistema de frenado y otros sensores, interpreta qué maniobra de conducción va a ser la siguiente y prepara el vehículo para asimilarla.

Cómo conducir un coche con estabilidad ESP

La incorporación de este sistema se ha convertido en todo un hallazgo para la seguridad vial en general. Sin embargo, es importante que aprendamos algunas pautas de conducción de un coche con estas características. Si pretendemos sacarle el máximo rendimiento a nuestro ESP, debemos valorar esta serie de consejos y criterios:

1. Alejar los excesos de confianza. Esta mejora del vehículo no sustituye a la competencia, prudencia y experiencia del conductor. Debemos tenerlo muy presente.

2. Respetar los límites. El ESP compensa ciertas circunstancias, pero la física se impone. Si vamos a una velocidad desmesurada, de nada servirá su presencia.

3. Chequear y optimizar el estado de los neumáticos. El sistema de control es fundamental, pero el resto del coche ha de estar a la altura en la respuesta. La adherencia y la presión de las ruedas son dos aspectos innegociables.

4. Olvidarnos del contravolante. Esta maniobra específica de conducción exige siempre un entrenamiento continuado y mucha habilidad. Aunque así sea, hemos de evitarla si nuestro coche incorpora ESP.

5. Minimizar el uso del embrague y el cambio en caso de apuro. Tan solo los necesitaremos si existe riesgo de apagado del motor.

Definitivamente, la conducción de un coche con control de estabilidad requiere conocimientos y entrenamiento. Incluso podemos considerar la posibilidad de apuntarnos a un curso práctico para dominar esta técnica.

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