El calor y el frío, el polvo y las heladas, la arena y la humedad. Todos son factores que juegan en contra de una conducción segura dado que provocan el deterioro de una pieza fundamental de nuestros vehículos: los limpiaparabrisas. De su correcto funcionamiento depende en gran medida la visibilidad que tenemos al volante, especialmente cuando la lluvia nos pilla en la carretera, pero también cuando necesitamos eliminar algún residuo que se ha depositado sobre la luna. Su deterioro, además, puede provocar arañazos o ralladuras en el cristal.

Para evitar estos riesgos y gastos innecesarios es recomendable que realicemos el cambio de las escobillas una vez al año, preferiblemente en otoño, para tener los limpiaparabrisas a punto cuando empiece la temporada de lluvia, frío y nieve. En todo caso, nuestro propio vehículo nos da una serie de pistas para identificar cuándo ha llegado el momento de renovarlas.

Ruido

Si al activar los limpiaparabrisas, percibimos que hacen un ruido anormal, ya sea un chirrido o una vibración, es probable que su goma se haya endurecido como consecuencia del desgaste propio del uso o porque las escobillas estén sometidas a demasiada presión, se han desajustado del brazo que las sostiene y, por tanto, golpean el cristal al desplazarse sobre su superficie.

Marcas de humedad

También resulta imprescindible realizar el cambio de las escobillas si no consiguen retirar el agua correctamente, ya sea porque dejan marcas de humedad o porque quedan zonas del cristal con ella tras hacer el barrido. Se trata de una situación común provocada por las heladas o el calor, que agrietan el caucho de estas piezas

Empañados exteriores

Cuando el parabrisas delantero o la luna trasera se empañan exteriormente, es probable que la goma de la escobilla se haya endurecido y no esté ejerciendo suficiente presión sobre ellas.

Restos de suciedad o rayas

Si tras usar las escobillas observamos sobre el cristal un velo de suciedad, podemos estar seguros de que ha llegado el momento de sustituir las escobillas. Igualmente, es aconsejable cambiarlas si aparece una raya permanente en la zona central del cristal, aparece una única raya permanente en el campo visual exterior o muchas rayas distribuidas de modo uniforme.

Rugosidades

Otra manera de conocer el estado de nuestras escobillas es comprobar si, al pasar el dedo por ellas, notamos fisuras o rugosidades en el caucho. Si las hay, es evidente que el coche necesita unas nuevas.

Rotura de luna

Especialmente importante es realizar el cambio de escobillas si la luna ha sufrido una rotura. Al tratarse de una pieza delicada, es probable que se haya visto dañada, ya sea por rozaduras o cortes en el caucho. Además, si el cristal se ha roto como consecuencia de un impacto, es más que probable que los brazos de los limpias se hayan deformado o desajustado. También, en ocasiones, quedan pequeños fragmentos de cristal en las escobillas que pueden provocar una rayadura en el parabrisas nuevo o reparado.

Además de estar atentos a estas señales, es recomendable que revisemos el estado de las escobillas regularmente, limpiándolas con un trapo húmedo para retirar el polvo y la suciedad que se haya podido acumular. El mantenimiento, además de prolongar su vida útil, es la mejor forma de vigilar el estado en el que se encuentran las escobillas y, por tanto, de no poner el riesgo nuestra seguridad por conducir con ellas en mal estado.

Y tú, ¿has cambiado las escobillas en los últimos 12 meses?

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