Aunque se le hagan revisiones periódicas al coche (normalmente cada 20.000 kilómetros), hay una cifra a la que hay que prestar más atención: los 50.000 kilómetros. Cuando el cuentakilómetros se vaya a aproximar a dicho número, habrá que estar atentos y revisar algunos elementos del auto para no llevarte un susto en el momento menos indicado.

Eso sí: cabe tener en cuenta que se trata de un valor aproximado, ya que la vida útil de los componentes mecánicos de nuestro vehículo podrá sobrepasar (o no) de esos 50.000 kilómetros dependiendo del estilo de conducción y del trato que se le dé al mismo, además de la marca y modelo.

 

Aceites y filtros

La revisión del estado del aceite y de los filtros no sólo se hace a los 50.000 kilómetros: también se realiza antes (a los 20.000 normalmente). Se recomienda cambiar el lubricante una vez al año y el filtro del aceite cada dos años. Y ya puestos a mirar niveles de líquidos, también es importante comprobar el del líquido refrigerante.

Antes de cambiar cada uno hay que consultar los manuales de instrucciones para comprobar cuándo caducan, aunque si no sabes hacerlo lo mejor es llevar el coche al taller. También conviene revisar el estado del filtro del polen, el del aire y el del combustible.

 

Frenos

Aunque los frenos no chirríen cuando pisas el pedal, tampoco está de más hacer una comprobación al estado de las pastillas de freno (no basta sólo con que sean lo suficientemente gruesas, pues pueden estar cristalizadas). Comprueba además el color y la cantidad del líquido de frenos, que ha de ser transparente y no ha de estar por debajo del mínimo que marque el depósito.

 

Neumáticos

Cuando se llega a esta cifra, hay que vigilar el estado de los neumáticos con más frecuencia. Hay que prestar atención a la profundidad del dibujo y también que no presenten grietas, abolladuras, además de comprobar que circulamos con la presión correcta (esto último debe hacerse más a menudo y especialmente cuando se van a realizar largos trayectos).

 

Correas

También hay que echar un vistazo a las correas de distribución: tanto a la tensión como a su estado (que no estén muy desgastadas ni presenten síntomas de rotura). Del mismo modo, conviene chequear el alternador, ventilador y aire acondicionado.

 

Mira los bajos y el capó

Sin ser mecánicos también podemos advertir problemas en los amortiguadores o fugas de aceite o agua. Con el capó abierto podemos buscar manchas de lubricante (también tras estacionar el coche en la calle porque mancha el asfalto) o manguitos dañados o rotos. No olvides comprobar también la sujeción y el estado del sistema de escape.

 

Bujías

Cuando tenemos un problema para arrancar el coche, pensamos que la culpa es de la batería. Quizá no siempre sea así, por lo que también hay que revisar el estado de las bujías. Si no sabes cómo hacerlo (o dónde se encuentran éstas), deja el coche en el taller.

 

Radiador

El radiador es un elemento al que apenas le prestamos atención. ¡Error! Al llegar a los 50.000 kilómetros también conviene realizar una limpieza, sondeo y mantenimiento del mismo.

 

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