El tuning entró en España a finales de los 90 y creció sobre todo en los primeros 10 años de este siglo. Sin embargo, la crisis y una ley enterraron la pasión.

El tuning en España

El auge del tuning puede atribuirse a muchos factores. A principios de siglo, España vivía un buen momento de crecimiento económico y sectores como la construcción podían llegar a ser muy lucrativos para sus trabajadores. Esto vino acompañado de dos grandes explosiones: Internet y los videojuegos.

Por un lado, surgieron portales en los que los propietarios de coches modificados subían fotos de sus flamantes coches, y los foros se llenaron de aficionados que comentaban los diseños y se reunían para pasar el rato. Videojuegos como Need For Speed se encargaron de popularizar el fenómeno entre los jóvenes, y poco después la saga A todo gas llegó al cine para cimentar la moda que algunos convirtieron en forma de vida.

Sobre todo, surgió en España un estilo de modificación que algunos sitios web bautizaron como tuning barroco. En lugar de mejorar las prestaciones de los coches, como se hacía en Estados Unidos y en las películas de Hollywood, se trataba de crear "showcars", coches que sobre todo cambiaban su aspecto con escayolas por todas partes, extensiones desproporcionadas, ruedas enormes y pesadas en modelos que a veces apenas podían soportar todo el peso que llevaban encima. Interiores de colores brillantes, equipos de música caros y de gran potencia y, por supuesto, un buen sistema de escape para hacer rugir el coche. El objetivo era llamar la atención.

Por aquel entonces, revistas como Maxi Tuning, la más leída en el país sobre este fenómeno, descansaban en las mesillas de noche de fashionistas y jóvenes que aún no tenían edad para subirse a un coche. También era cuando ferias como el Salón y Festival Tuning de Madrid acogían a más de 80.000 visitantes y cuando se celebraban concentraciones casi todos los fines de semana con gran afluencia de público.

Miles de talleres se especializaron en modificaciones estéticas y se adaptaron al nuevo mercado, donde podían ganar hasta 50.000 euros por preparar el coche. El tuning era una forma de vida: tener un coche, modificarlo, ir a las concentraciones e intercambiar impresiones y conocimientos sobre él con otros usuarios.

La desaparición del tuning en España

Pero como todo lo que nace, un día tenía que morir. A finales de la década, la crisis ya había golpeado al mundo, y España, uno de los países europeos que más la sintió, cayó en recesión económica. Para completar la guillotina que estaba matando a las modificaciones de los coches, en enero de 2011 entró en vigor el Real Decreto 866/2010, de 2 de julio, para regular el tratamiento de las modificaciones de los coches tras su matriculación definitiva en España, siendo el objetivo del Real Decreto eliminar las modificaciones que pudieran poner en peligro la seguridad del coche. Sí, cualquiera podía modificar su coche antes de matricularlo, pero para poder conducirlo tenía que ser homologado antes de la matriculación, un proceso que se ha vuelto muy restrictivo.

Unas simples modificaciones, como unas nuevas llantas, una suspensión rebajada, un parachoques deportivo y unas cuantas pegatinas, son todo lo que queda de la década en la que el tuning dominó y fue una de las modas que más dinero generó en España.

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