El Fiat SB4 es un coche que, allá por los años 20 del siglo XX, se fabricó utilizando un motor de avión y el chasis de un viejo autobús inglés siniestrado. Este demonio se convirtió en el coche más rápido sobre la faz de la tierra y se dedicó a devorar todos los récords que se le ponían por delante.

Mefistófeles es un demonio conocido en la cultura alemana por servir a Satanás capturando almas y ofreciéndolas a su señor. En esta criatura se inspiró el creador del Fiat, Ernest Eldridge, para fabricar esta máquina ensordecedora, por lo que le brindó tal apodo.

Eldridge trabajó durante la Primera Guerra Mundial conduciendo ambulancias para el ejército inglés, y cuando el conflicto terminó, se dedicó en cuerpo y alma al automovilismo y a la aviación. Fruto de estas dos aficiones nació su gran proyecto, conseguir modificar el motor de un avión para introducirlo dentro de un auto.

En aquella época, todo el desarrollo automovilístico estaba en las antípodas, por lo que tuvo que ingeniárselas para llevar a cabo tal empresa. Eldridge consiguió llevar a cabo el desarrollo de un automóvil que poseía un motor de 240 CV y que alcanzaba los 150 km/h, pero no lo veía suficiente.

Para ello, se hizo con un Fiat SB4, un coche que tenía unas características parecidas a las de su motor readaptado. Eldridge modificó el motor y la carrocería con los restos del autobús londinense para fabricar un coche que llegaba a desarrollar los 350 CV a 1.800 rpm.

Este monstruoso vehículo no dejó a nadie indiferente en el mundo de la competición, por lo que pronto, la marca de carreras Delage retó a Eldridge a un duelo de velocidad para batir el récord del mundo en 1924.

Ese verano, el Fiat Mefistofele logró alcanzar los 230,55 km/h, batiendo el récord del mundo. No obstante, sus competidores impugnaron esta marca porque para que un coche pudiera homologarla, tenía que disponer de marcha atrás. Y el Mefistofele no tenía. 

Con la ayuda de un herrero, Eldridge consiguió incorporar un rudimentario dispositivo de marcha atrás y, unos días después, lograron batir el récord del mundo con 234,98 km/h en el primer kilómetro. Este récord y el de 234,75 km/h en la primera milla todavía siguen imbatibles y el Mefistofele es una de las piezas estrella del museo histórico de Fiat en Turín.  

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