A muchas personas les encanta conducir pero a otras les aterra. El miedo a conducir existe y se conoce como amaxofobia. Se debe, principalmente, al miedo y la inseguridad debido a un accidente (propio o de familiares) o a haber tenido un ataque de pánico o ansiedad al volante y afecta sobre todo a mujeres (concretamente a un 75% de las personas que padecen esta fobia). 

No debe confundirse con los conductores noveles: es normal que sientan algo de miedo las primeras veces que conduzcan solos (la conducción de un vehículo supone una responsabilidad muy grande) pero no se ha de catalogar como amaxofobia.

En la psicología clínica se cataloga como una fobia específica o un trastorno de ansiedad causado por un miedo irracional a la exposición de situaciones concretas (en los casos más graves a representaciones). Dicho miedo, para los principios de la psicología cognitiva, constituye un proceso en que una persona percibe el tráfico como una amenaza y al resto de conductores como peligrosos, sintiéndose incapaz para conducir. 

Se suele manifestar en grandes ataques de pánico, además de agitación y ansiedad cuando los individuos que la padecen deben conducir, llegando a evitar salir si no hay otros métodos de transporte y se viesen obligados a conducir, lo que puede acabar afectando a muchas rutinas de la persona (como hacer la compra, por ejemplo) y, en casos más extremos, a su vida social y laboral. 

 

Tratamientos

Para superar la amaxofobia se requiere terapia psicológica en la que se combinan varios tratamientos multidisciplinares de forma gradual. La duración depende del grado de ansiedad y pánico que tenga la persona. Para ello, se da una primera fase de toma de conciencia para conocer el origen de la fobia y el grado de la misma. 

Así, si una persona solamente ha sufrido un momento puntual de ansiedad al volante, podría volver a la normalidad al volante en unos cuatro meses. En cambio, si el individuo lleva años sin conducir, necesitará un tratamiento que combine terapia psicológica y autoescuela que tendrá una duración de seis meses a un año.

Una vez se sepa el grado de la fobia de la persona, se le otorgan una serie de técnicas de afrontamiento (relajación y control de los pensamientos catastrofistas) para modificar las ideas sobre la amenaza del tráfico y evitar una respuesta de huida en el mismo y así facilitar la terapia de exposición. 

La terapia de exposición consiste en un acercamiento progresivo a los estímulos que provocan fobia al individuo. Se realiza en tres etapas. En la primera se hace uso de un vehículo adaptado para iniciar la exposición de la persona al tráfico siempre en una situación controlada.

En la segunda fase, el individuo ya ha adquirido tácticas y habilidades para reducir su ansiedad. Acompañado del terapeuta, el paciente circula con su propio automóvil afrontándose al tráfico. En la tercera, la persona ya consigue circular en solitario.

 

Comentarios  

0 #1 ALEJANDRO G REYES 14-11-2017 14:54
En relación al artículo, ¿Qué médico puede proporcionar este tipo de ayuda?
¿Qué debe hacer uno ante una crisis?
¿evitar auto medicarse?, esa ansiedad es repentina, ya que se siente desde adentro de uno mismo.
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