Al final de su vida útil o tras un accidente en el que un coche queda inutilizado, va al desguace inmediatamente para proceder a su reciclaje. Actualmente, el 80% de los vehículos son reciclables, aunque esta cifra aumenta hasta el 95% (marcada por el Parlamento Europeo para reducir las emisiones contaminantes) si tenemos en cuenta la reutilización de piezas en repuestos. Así, el impacto en el medio ambiente apenas se nota. 

 

Materiales contaminantes y plásticos

Casi todo el mundo sabe que en el desguace se extraen las partes contaminantes, como baterías, combustible, líquido de frenos, restos de aceite… que se almacenan en contenedores o depósitos adecuados para cada material que después se transportarán a las plantas de reciclado y de tratamiento específicas. De las baterías se extrae plomo, que puede ser de gran utilidad en industrias metalúrgicas y el plástico se emplea en la fabricación de nuevas baterías.

Allí se analizan las posibles impurezas que contengan. Si están por encima de los gases o residuos aceptables, se incineran en hornos gigantes. Si no, dichos líquidos se depuran y con el resultado pueden crearse nuevos combustibles y aceites lubricantes de motor. El líquido refrigerante y el de frenos son más difíciles de reutilizar. 

Los plásticos representan un verdadero problema para el medio ambiente y un coche tiene muchos elementos fabricados con este material en distintas variedades y formas, que son difíciles de separar y reciclar (además de caros). En su mayor parte se convierten en maceteros, cubos de basura o contenedores y lo que no puede reciclarse, se quema. 

 

Neumáticos

Hasta hace algunos años las llantas se quemaban en vertederos de neumáticos hasta su total desaparición, aunque esta práctica es muy contaminante. A día de hoy todavía quedan algunas empresas que se dedican a ello, si bien ahora algunas se recauchutan para que puedan seguir funcionando. Otra opción consiste en quitarles las cámaras y los alambres para hacer columpios o para usarlas en embarcaderos y, si se trituran bien, son muy buenos aislantes para polideportivos, establos y para los tejados de las casas. También se usan para producir energía.

 

¿Qué se hace con el resto del coche?

Tras este proceso, se extraen otras piezas que puedan venderse o reutilizarse. El resto del coche se prensa en una máquina, se convierte en un cubo de chatarra y posteriormente se trasladará a una empresa especializada con una planta de fragmentación que se encargará de machacar y fundir estos restos metálicos para conseguir nuevos metales. 

Este cubo pasará por una cizalla de 2000 toneladas y por una fragmentadora de martillos para desmenuzar el coche (sus restos, más bien) en pequeños trozos del tamaño de la palma de la mano, que pasarán por cintas transportadoras con imanes que separan las partes férreas de las que no contienen hierro. Éstas últimas van a un contenedor. 

Con las partes metálicas se fabrican coches más ligeros (en caso de obtener aluminio); carritos de la compra y mallas de refuerzo de obras (acero) o cables y alambres para conducir la electricidad (cobre).

Pero no es la única parte de un coche que se puede reutilizar. Así, los airbags se pueden convertir en neopreno; con los cristales, faros y parabrisas se fabrican botellas y fibras de vidrio; los cinturones se usan para hacer materiales de aislamiento o base de alfombras y los plásticos flexibles son muy buenos para generar energía en las industrias cementeras.

 

 

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