Los coches eléctricos parecen ser el futuro de la industria automovilística, a pesar de que el calentamiento global es ya una realidad. Cada vez son más marcas las que se animan a diseñar y fabricar alternativas sostenibles de sus modelos. Sin embargo, la sociedad todavía es reacia a la hora de decidirse a adquirir uno de ellos. Son más caros, su batería dura poco, la recarga de la batería tarda muchas horas… Discernimos entre las verdades y mentiras de estos autos.

 La carga y el precio nos hacen más reacios a adquirirlos

Verdad y mentira: son más caros que los convencionales

En parte es debido a que estamos aún en los primeros años de producción de este tipo de vehículos. Su precio tenderá a reducirse conforme aumente la oferta llegando a equipararse con el precio de un coche de combustión. Los especialistas prevén que esto sucederá entre 2.020 y 2.025.Aunque, a la larga, igual salen algo más baratos si tenemos en cuenta el ahorro en gasolina o diesel. 

Realidad: su carga constituye una dificultad

La recarga en casa podría salirnos algo cara (con una toma doméstica se necesitan 12 horas como mínimo para realizar una carga completa) y es mejor si tenemos garaje ya que, evidentemente, no vamos a tirar un enchufe y un alargador desde el balcón de un piso. Se pueden instalar puntos de recarga en los bloques, pidiendo permiso a los vecinos, lo que puede suponer otro problema. 

Verdad: no se puede depender de los puntos de recarga públicos 

Actualmente hay pocos postes de recarga que podrían colapsarse cuando comiencen a sustituirse los vehículos de combustión por los eléctricos. Además, en según qué ciudades hay empresas que cobran una tarifa por ello. Es lógico si tenemos en cuenta que es un mercado pequeño y que las pocas empresas que apuestan por la instalación de dichos postes quieren ser rentables. 

Eso sí: en un futuro podría suponer un problema para la red eléctrica. Y es que si de repente hay millones de este tipo de coches circulando, la red no podría dar soporte de carga a tantos vehículos enchufados, se hundiría por completo. A nivel tecnológico y de infraestructuras todavía queda un largo camino para mejorar en este aspecto. 

 

La autonomía y la duración dependen de su dueño

Falso: su autonomía es insuficiente

Depende de las necesidades de cada uno. Actualmente su autonomía oscila entre los 120 y los 150 kilómetros con una sola carga completa, dependiendo del estilo de conducción, el uso de aire acondicionado, etc. Su conducción se limitaría al ámbito urbano, y poco más, suficiente para quienes se muevan por la ciudad, pero no para quienes tengan que hacer viajes más largos. Este es un aspecto a mejorar si quieren que en un futuro no muy lejano conduzcamos coches eléctricos para reducir las emisiones contaminantes, aunque la autonomía es mayor en cada nuevo modelo y no dejará de hacerlo. La marca Tesla Motors es una de las pioneras en ello, y es que su Tesla Model 3 cuenta con una autonomía de 350 kilómetros.

Mito: las baterías son tóxicas y no duran

Las baterías estándar que se usan en los automóviles eléctricos son de iones de litio o de hierro. Esta clase de baterías no son tóxicas –aunque hay quien sostiene que sólo con la extracción de estos minerales también se contamina-. Se estima que su vida útil gira en torno a los 10 años. Pasado ese tiempo, su capacidad se reducirá al 85%, aunque se pueden utilizar para otras cosas como el almacenamiento de energía en el hogar. Una vez que se aprovechan al máximo, hay que reciclarlas. Hay países en los que se recogen las baterías para su reciclado. Asimismo, hay fabricantes como Renault que no venden estas baterías (las alquilan), siendo ellos mismos quienes se encargan de recogerlas y reciclarlas correctamente

 

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